A lo largo de mi -ya dilatada- vida profesional, he tenido el privilegio de contar con muchas y muchos compañeros, pero sólo he tenido Jefes/Jefas en tres ocasiones. De todas y todos aprendí y aprendo cuestiones importantes, valiosas y útiles.
En lo que se refiere a estas líneas, de una gran jefa aprendí que “enseñar” a alguien significa dejarle hacer las cosas por sí mismo, permitirle equivocarse y ayudarle a aprender de sus errores. Pero que quien enseña es también responsable de los errores del pupilo, porque éste habrá aprehendido las virtudes y defectos del docente.
En todas las épocas (con o sin recesión), quién tiene muchas funciones o responsabilidades puede y debe delegar, ya sea con carácter permanente o de forma puntual. Delegar significa ceder a alguien la responsabilidad y capacidad de decisión sobre una materia o función concreta.
Indudablemente, la delegación tiene ventajas para todas las partes: racionaliza y facilita el funcionamiento diario de la organización; el delegante podrá asumir nuevas responsabilidades o centrarse en otras tareas más prioritarias y/o urgentes; el delegado se siente reconocido, motivado, aumentando su contrato emocional con la empresa, a la vez que le permite aumentar y desarrollar sus capacidades, etc……..
Pero delegar también es, en sí mismo, un acto de:
-autoconocimiento, autoafirmación y humildad: no delego porque no sé, sino porque debo asumir otras tareas y responsabilidades. Delego porque lo importante no es que yo sepa hacer veinte mil cosas más que tú, sino porque así tú sabrás algunas más que antes o podrás demostrar que eres capaz de hacer otras cosas. Delego porque no soy el ombligo del mundo y porque lo importante es que el objetivo de la organización se alcance, lo haga quién lo haga.
- Responsabilidad: no se puede efectuar una buena delegación a ciegas ni con prisas. Lo contrario lleva a un fracaso absoluto, tanto para el delegante y el delegado como para la propia organización. Y quiero centrarme en este punto, estableciendo una serie de reglas.
REGLAS PARA UNA DELEGACIÓN DE FUNCIONES ÚTIL Y RESPONSABLE.

2.- Conocer a nuestros colaboradores (tanto iguales como subordinados) para saber en quién podemos delegar cada función o responsabilidad. Esto requiere un trabajo previo y concienzudo para determinar fortalezas, debilidades, capacidades, aspiraciones y motivos.
3.- Determinar con antelación las funciones que se van a delegar, de forma que no se creen problemas de descoordinación, de duplicidades o de escalafones. Sería conveniente también establecer previamente una política o criterios de delegación que sean conocidos por los miembros del equipo.
4.- Asumir que delegar significa otorgar “poder” respecto a la materia delegada. Si al final las decisiones relevantes las toma el de siempre, ¿para qué delegar?. También debemos asumir que el delegado puede y debe tener su propio estilo de hacer las cosas, que no es un calco de mi estilo.
5.- Comprender que delegar no es “quitarme marrones”. Si sólo te doy lo que yo no quiero hacer, al final no colaboras conmigo, sino que me obedeces.
6.- Tener claro que delegar no es quitarme la responsabilidad de encima. Quien delega debe establecer claramente qué se espera del delegado, cuando debe estar hecho el trabajo, si puede subdelegar o no,….. Debe prepararse adecuadamente al delegado (si no lo estuviera ya) y prestarle todo el apoyo necesario. Es igualmente fundamental proporcionarle las herramientas necesarias para que pueda desarrollar esa función.
Por tanto, entre delegante y delegado debe crearse una comunicación fluida y permanente; hay que fomentar una relación de retroalimentación continuada y positiva.
7.- El delegante mantiene la función de supervisión y coordinación de las funciones delegadas y, por tanto, la responsabilidad por los resultados frente a la organización, los clientes, etc…
Sería muy importante pactar fechas para revisión y seguimiento de los avances que se vayan realizando. Con ello también podremos detectar puntos a reforzar, desviaciones, etc….
8.- Mantener en todo momento una actitud positiva y constructiva sobre la labor del delegado, estimulando así su compromiso con el proyecto total y con su crecimiento personal y profesional.

Si yo te he preparado bien, tu éxito no es mi ocaso sino mi propio éxito.